¿Sabes? Todavía no me acostumbrado a lo que está pasando. Yo
tan… yo misma, solo quise pensar que todo iba a ir estupendamente. Que las
caricias pasarían a estar presentes todos los días.
Dejé envolverme por la
faceta de niña pequeña que me sale cuando alguien me hace ese “tilín” y
casualmente me estampé de pleno con la realidad.
Y todo por no tener el valor suficiente para expresar lo que
siento en voz alta. Por ser demasiado tozuda, cabezota, o como lo quieras llamar. Por encerrarme en mi
caparazón de tortuga y no tener el valor suficiente para salir de ahí.
Y así fue que te me escapaste como arena entre los dedos.
Ahora intento cerrar los puños, pero ya no me queda nada que atrapar. Así que
me sentare cada puñetero día y haré como que no me importas lo más mínimo, como si no sintiera una patada en pleno estómago cada vez que pasas por delante de mí sin siquiera mirarme, como si el mundo no se me callera a los pies cuando te veo sonreír.
Igual consigo que llegue el día en que yo misma termine creyéndomelo.
¿Lo comprobamos juntos?

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