viernes, 11 de julio de 2014



"[..] Cuando estoy corriendo, hay siempre una fracción de segundo en el que el dolor me parte por la mitad, casi no puedo respirar y todo lo que veo es una mancha de dolor, y en esa décima de segundo, justo cuando el dolor alcanza su punto culminante y se hace imposible y noto cómo me atraviesa algo blanco, entonces veo algo a mi izquierda, un parpadeo de color (pelo castaño, intento, como una corona de hojas), y entonces sé también que si volviera la cabeza, él estaría ahí, riendo, mirándome, con los brazos abiertos hacia mí.

Nunca vuelvo la cabeza para mirar, claro. Pero un día lo haré.
Un día miraré y el estará de vuelta, y todo irá bien.


                                                                                                
Mientras tanto, corro".

miércoles, 9 de julio de 2014

Me abriste los ojos, mi querido Alex Sheathes.

"Tienes que comprenderlo: yo no soy nadie especial. Soy solo una chica normal. Mido uno sesenta y soy del montón en muchas cosas.
Pero tengo un secreto. Aunque construyan murallas que lleguen hasta el cielo, yo encontraré la forma de volar sobre ellas. Aunque intenten atraparme con cientos de armas, yo encontraré un modo de resistir. Y hay muchos como yo ahí fuera, más de los que crees. Gente que se niega a dejar de creer. Gente que se niega a volver a tierra. Gente que ama en un mundo sin murallas, gente que ama frente al odio, frente al rechazo, sin miedo y con toda esperanza".

   
                                                                         Te amo. Recuerda. Eso no pueden quitártelo.

domingo, 1 de junio de 2014

Hay palabras que son como cristales, y personas que prefieren tragárselas y cortarse por dentro, que sacarlas y herir a alguien.


Algunos días tengo la sensación de estar muerta por dentro. Ser solo masa, que se rige por la habitual monotonía de siempre.
Será por todas las palabras no dichas que poco a poco me han ido consumiendo. Quizás si, quizás no.
El motivo ya no importa. Avanza el reloj.  A veces sí....
                                                                                                                             … A veces no.
 

domingo, 18 de mayo de 2014

Mi pequeño diablillo.

Hoy quiero escribir sobre una de las personas que más me han marcado en lo que llevamos de 2014. 
¿Qué cómo es? Pues veréis, él es una mezcla entre lo que más quiero y lo que más temo. Digamos que tiene el poder de hacerme sentirme única y a la vez el ser más pequeño y débil de la tierra.
 Sí, es algo difícil de explicar y de entender. Él siempre me dice que no hay quien me entienda, así que tampoco espero que esta vez alguien lo haga. 

Uno de los aspectos que le hacen enorme, es ese empeño que tiene por intentar sacar lo mejor de mí, porque a pesar de encontrarse mil y una vez con las puertas cerradas, ha seguido con esa insistencia tan suya.
Otra cosa que adoro es que aunque le pedí que no se preocupara por mí y él dice que no lo hace, en el fondo sé que es capaz de decir las mayores tonterías que se le ocurren (y eso que se pasa el día diciendo una tontería tras otra) con tal de hacerme reír cuando me encuentre triste.

A lo largo de este tiempo, le he dicho cosas tan hirientes cuando me he enfadado, que es una suerte que todavía siga aquí, a mi lado.
Pero no es solo eso, sino que él se queda hasta las tantas cada noche hablando por whatsapp conmigo aunque al día siguiente se muera de sueño. Ve conmigo mi serie favorita, y eso que es la  más surrealista que existe. Aguanta mis indecisiones por muy frustrantes que sean. Me pica todo lo que le da la gana porque sabe que me gusta. Me echa la bronca por los estudios aun sabiendo que termino enfadándome con él cuando saca ese tema. Escribe en otros idiomas que se niega a traducirme para hacerme sufrir un rato porque es así de malo y cuando necesito que me escuche, lo hace, sea lo que sea.

De verdad, no os podéis hacer idea de lo increíble que es y lo poco que él lo sabe. Por supuesto no me voy a olvidar de decir que tiene una sonrisa preciosa.

domingo, 4 de mayo de 2014

Cuatro + uno.

Dicen que las cosas buenas tardan en llegar, pero llegan.

Y, ¿sabéis qué? Ya he aprendido a no preocuparme tanto. En la vida, hay momentos para todo: para reír, llorar, para comerse la cabeza o tan solo dejarse llevar.

Mi momento ahora es ser feliz con lo que tengo y perseguir lo que todavía no he llegado a conseguir. Ser yo misma, prestar atención a la gente que me hacen sonreír día a día. Esto es lo que realmente importa, y no obsesionarnos  tanto por cosas tales como las notas, el qué dirán los demás de nosotros o en intentar ser el prototipo de persona que se vende hoy en día y que no somos.

No sé lo que opinan los demás pero para mi gusto, yo prefiero ser feliz con poco y aprender a valorarlo; y no tener absolutamente todo. Sinceramente, ¿Podríamos ser felices si todo lo que en vida deseamos lo tuviéramos siempre aquí para nosotros? Yo creo que no. Todo perdería su valor.
Tampoco voy a dármelas de chica a la que todo le sale bien, que todo lo ve por el lado positivo. No, no es así. Más me gustaría que todo fuera como en las películas de Disney, que casualmente siempre acaban bien.

Hoy es uno de esos días en los que pienso que bueno, en sí, tampoco me va todo tan mal. Tengo personas a las que no cambiaría por nada, serán tres o cuatro, pero son tan grandes que no necesito más.
Y con todo esto llego a la conclusión de que si eres bueno para mí, estoy segura de que llegaras; y solo entonces, nos iremos muy lejos.

 Mientas tanto disfrutaré de estos momentos, el tiempo avanza... pero todavía nos queda mucho por lo que seguir luchando.

jueves, 24 de abril de 2014

Han pasado, ¿Tres años?

Hoy he vuelto a escuchar la misma tontería.
Y me pregunto porque la gente no se da cuenta de que esas cosas a la larga no gustan, molestan, duelen... sobre todo cuando no tienen ni una mínima idea de lo que están diciendo.
¿Por qué somos tan dados a hablar sin saber? ¿Por qué no centrarse más en la vida de uno mismo y dejar al resto vivir tranquilamente la suya? ¿Por qué...?

sábado, 5 de abril de 2014



Esa noche me cogió de la mano. Hasta el día de hoy, no he sabido reconocer que ese gesto ha significado mucho más de lo que yo pensaba aquellos días de invierno [...]. Decidimos dar un paso más grande, nos metimos de lleno en un nuevo juego.
Comencé yo, robándole un beso.