viernes, 11 de julio de 2014



"[..] Cuando estoy corriendo, hay siempre una fracción de segundo en el que el dolor me parte por la mitad, casi no puedo respirar y todo lo que veo es una mancha de dolor, y en esa décima de segundo, justo cuando el dolor alcanza su punto culminante y se hace imposible y noto cómo me atraviesa algo blanco, entonces veo algo a mi izquierda, un parpadeo de color (pelo castaño, intento, como una corona de hojas), y entonces sé también que si volviera la cabeza, él estaría ahí, riendo, mirándome, con los brazos abiertos hacia mí.

Nunca vuelvo la cabeza para mirar, claro. Pero un día lo haré.
Un día miraré y el estará de vuelta, y todo irá bien.


                                                                                                
Mientras tanto, corro".

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