"[..] Cuando estoy corriendo, hay siempre una fracción de
segundo en el que el dolor me parte por la mitad, casi no puedo respirar y todo
lo que veo es una mancha de dolor, y en esa décima de segundo, justo cuando el
dolor alcanza su punto culminante y se hace imposible y noto cómo me atraviesa
algo blanco, entonces veo algo a mi izquierda, un parpadeo de color (pelo
castaño, intento, como una corona de hojas), y entonces sé también que si
volviera la cabeza, él estaría ahí, riendo, mirándome, con los brazos abiertos
hacia mí.
Nunca vuelvo la cabeza para mirar, claro. Pero un día lo haré.
Un día miraré y el estará de vuelta, y todo irá bien.
Mientras tanto, corro".
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