domingo, 4 de mayo de 2014

Cuatro + uno.

Dicen que las cosas buenas tardan en llegar, pero llegan.

Y, ¿sabéis qué? Ya he aprendido a no preocuparme tanto. En la vida, hay momentos para todo: para reír, llorar, para comerse la cabeza o tan solo dejarse llevar.

Mi momento ahora es ser feliz con lo que tengo y perseguir lo que todavía no he llegado a conseguir. Ser yo misma, prestar atención a la gente que me hacen sonreír día a día. Esto es lo que realmente importa, y no obsesionarnos  tanto por cosas tales como las notas, el qué dirán los demás de nosotros o en intentar ser el prototipo de persona que se vende hoy en día y que no somos.

No sé lo que opinan los demás pero para mi gusto, yo prefiero ser feliz con poco y aprender a valorarlo; y no tener absolutamente todo. Sinceramente, ¿Podríamos ser felices si todo lo que en vida deseamos lo tuviéramos siempre aquí para nosotros? Yo creo que no. Todo perdería su valor.
Tampoco voy a dármelas de chica a la que todo le sale bien, que todo lo ve por el lado positivo. No, no es así. Más me gustaría que todo fuera como en las películas de Disney, que casualmente siempre acaban bien.

Hoy es uno de esos días en los que pienso que bueno, en sí, tampoco me va todo tan mal. Tengo personas a las que no cambiaría por nada, serán tres o cuatro, pero son tan grandes que no necesito más.
Y con todo esto llego a la conclusión de que si eres bueno para mí, estoy segura de que llegaras; y solo entonces, nos iremos muy lejos.

 Mientas tanto disfrutaré de estos momentos, el tiempo avanza... pero todavía nos queda mucho por lo que seguir luchando.

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