Quizás todavía no me alcance para dar el siguiente paso,
pero por ahora intento sobrevivir espiando su sonrisa y su forma de caminar. Su semblante serio cuando agacha la cabeza y sus ataques de risa. Sus dedos
pelando una simple mandarina, ¿Qué más da?
Aunque sea de lejos, ahí estoy cada
mañana. Queriéndole desde lejos. Comiéndomelo con la mirada.

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