Te vuelves y observas como niños de la misma edad que tu
hijo corren hacia las puertas. Algunos padres están tan ocupados que apenas
despiden a sus hijos, otros los empujan hacia las puertas, pero se olvidan de
algo importante: Decirles que les quieren.
Con lágrimas en los ojos vuelves al colegio. Tu marido viaja
en otro coche distinto al tuyo. El también se ha enterado de lo ocurrido. Un
pensamiento te recorre cada rincón de la cabeza: Él tiene que estar bien, tiene
que estar bien, tiene que estar bien….
Corres como no lo has echo en tu vida. Las lágrimas te
empañan tanto la vista que confundes a un par de niños con tu hijo. No ves su
cabecita castaña, sus mechones siempre alborotados. Empiezas a temer lo peor.
Ves a un grupo de niños que acaban de salir del colegio. Son todos de distintas
edades. Da igual. Te precipitas hacia ellos. Pero nada. Él no esta ahí. Sale
otro grupo de niños. Una melena rubia pasa por tu lado. Es la compañera de tu
hijo. Una profesora se acerca a ti, es la ultima en salir del edificio. Le
tiembla la voz. Entonces, justo después, el mundo se te derrumba, así en
cuestión de un segundo todo el peso cae sobre ti. No puedes respirar. Dos
brazos te agarran. Él... no va a salir.
EL NO. EL NO. EL NO.
Viernes 14 de Diciembre del 2012. Newton, Connecticut
.Estados Unidos. Adam Lanza, un joven de 20 años, irrumpe en el colegio Sandy
Hook de primaria y armado, comienza a disparar contra alumnos y profesores.
Familias destrozadas, niños asustados. Solo porque alguien
decidió emprenderla contra niños. Las personas más indefensas y vulnerables de
la sociedad, niños, las personas más inocentes y a la vez los más observadores,
los más atentos.
Solo porque alguien decidió jugó a ser Dios, se dio el
permiso de decidir quien moría y quien no. Que familia debería llorar la
perdida de un hijo y cual no. La familia que tendría que reconocer a su hijo en
fotos porque el cuerpo estaba demasiado destrozado. Demasiados tiros en un
cuerpo tan pequeño. Demasiado cruel, explicar a sus hermanos pequeños porque su
hermano, se había ido para siempre.
Demasiada mierda en esta sociedad.




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