domingo, 16 de diciembre de 2012

Ella sabe disfrutar de los días de lluvia.




Otro día mas donde la lluvia es la mejor compañía. Las gotas caían constantemente golpeando el alféizar de la ventana. Un par de ojos inocentes y una nariz, pequeña, aplastadita contra el cristal, observaban el panorama desde el interior de una habitación con las paredes completamente rosas. La pequeña, agarrada a su muñeca de trapo se quedaba embelesada cada vez que veía llover. Le fascinaba el llover casi tanto como el brillo de las luces de navidad que adornaban la cuidad en el mes de diciembre. La niña abrió la ventana con cuidado lo justo para poder sacar su manita sin que el frío viento la hiciera tiritar. Atrapo varías gotas de agua y se le ilumino el rostro durante unos segundos. Corriendo cerro la ventana y se seco la mano en el pantalón. Los mayores la regañaban constantemente cuando hacía eso, pero ellos no la entendían. Ella deseaba con todas sus fuerzas poder bailar bajo la lluvia. Ese día antes de cerrar los ojos, se prometió que un día cualquiera lo haría, costase lo que costase.

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