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Eramos tu y yo contra el mundo
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Cierro los ojos, todavía puedo oír nuestras risas rasgando el silencio de la noche, puedo sentir tus brazos y la felicidad que me invadía cuando pensaba, Eres justo lo que necesitaba.
Es difícil no recordarlo si en cada momento que estábamos juntos, era inevitable no acabar con dolor de tripa de tanto reír o desbordando felicidad por todos los poros de mi piel. Se podría decir que nos comprendíamos al cien por cien, éramos nosotros contra este mundo de locos. Aspirábamos a ser muy grandes, teníamos unas metas muy claras y también poseíamos poderes propios, aquellos que tu mismo nos concediste a los dos antes del examen de ingles, dijiste que con ellos, nos iba a ir bien siempre, sería nuestro pequeño secreto.
Yo necesitaba tus reflexiones, nuestras profundas conversaciones y tus consejos de mejor amigo y tú que yo pudiera poner fin a tus continuas comeduras de cabeza, las que siempre te han llevado a decir las tonterías más grandes. No éramos nadie sin nuestras tardes de viernes y la tienda de preñados de enfrente de la biblioteca, esa que huele tan bien. Las bromas, los consejos y las peleas, mis piques y tus chorradas, era algo habitual entre nosotros, hasta el punto de llegara ser completamente necesario. Nos conocíamos como nadie.
Pero la realidad cae como un cubo de agua fría, me despierta. Las cosas buenas suelen durar relativamente poco. Y hasta las cosas más pequeñas se hacen necesarias cuando no nos queda nada. Poco queda ya de todos esos recuerdos, de tus reflexiones, de la vitalidad que me hacías sentir. No estas para arrancarme sonrisas cuando tanta falta me hacen. No esta tu risa, tu olor, tu… ya no estas.
Quiero odiarte, gritarte, llamarte gilipollas y no volver a verte nunca más. Pero se que si estuvieras aquí llamándome de la forma que menos me gusta, te daría el abrazo más fuerte de todos.

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