Sin embargo, sus brazos están
ahí para consolarme y, al cabo de un tiempo, también sus labios. La noche que
vuelvo a sentir el hambre que se apoderó de mí en la playa sé que esto habría
pasado de todos modos, que lo que necesito para sobrevivir no es el fuego de
Gale, alimentado con rabia y odio. De eso tengo yo de sobra. Lo que necesito es
el diente de león en primavera, el brillante color amarillo que significa
renacimiento y no destrucción. La promesa de que la vida puede continuar por
dolorosas que sean nuestras pérdidas, que puede volver a ser buena. Y eso solo
puede dármelo Peeta.
Así que, después, cuando me
susurra:
-Me amas. ¿Real o no?
Yo respondo:
-Real.

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