lunes, 9 de diciembre de 2013

Su todo, su nada.

Buscas sus ojos. No los ecuentras. Ya nada es como antes, ahora ya no le importas. El alma se te rompe a pedazos. Quieres engañarte a ti misma, pero no puedes.
Lloras día si y día también.
Pero al día siguiente lo vuelves a buscar con la mirada sabiendo que te harás daño a ti misma. Eres cabezota y muy tozuda, él te lo decía siempre con una enorme sonrisa.
Una pequeña lágrima te recorre por la mejilla. De un manotazo te la secas. No quieres volver a llorar otra vez. Él se gira pero esquiva tus ojos. Se empaña tu mirada pero consigues parar las lágrimas a tiempo. Respiras profundamente.
Suena el timbre y sale intentando no cruzarse en tu mismo camino. Te quedas rota por dentro.
                                       Para él fuiste su todo. Ahora eres su nada.


No hay comentarios:

Publicar un comentario