Ella, la que por muy jodida que fuera la vida, siempre encontraba un motivo más por el que sonreír ese día. Ella, la que creía que las malas personas solo existían en los cuentos y en las películas. Ella, la que siempre salía a la calle pisando fuerte. Ella, la que cuando llovía siempre sacaba la cabeza por la ventana. Ella, la que dejaba volar su imaginación cada dos por tres. Ella, la que se ponía sus botas marrones de otoño y como una niña pequeña corría entre los árboles riendo, feliz, escuchando como crujían las hojas bajo sus pies. Ella, la que cada noche dormía abrazada a su peluche favorito. Ella, a la que le encantaban los besos suaves y ligeros, como nubes de algodón. Ella, con la sonrisa más bonita de todas, o eso es lo que pensaba él. Ella, que cuando se asusta se aferra al brazo de quién más cerca esta con ese gritito suyo tan peculiar. Ella, mimosa como la que más, siempre con cosquillas. Tímida con los desconocidos. Valiente por sus amigos.
Era ella, no era la más bonita pues había otras más bonitas que ella. Pero en el mundo no había nadie que no se enamorara de su forma de ser.
Pero había algo que estropeaba siempre a aquella niña. Era
su inseguridad. Sus miedos. Penas. Comeduras de cabeza. Tantas veces le habían
hecho daño que vivía con ese miedo por ser engañada otra vez. Ella amaba pero
con miedo. Quería pero en silencio.
Ayer la vi por la calle, iba alegre, disfrutando de los
pequeños placeres de la vida, pero sufriendo por dentro. Esa niña, a veces
llama a mi puerta para llorar. Yo le abro y le acaricio la brillante y preciosa
cabellera que tiene. Cuando termina de llorar nos reímos de sus pintas con el
rímel corrido. Entonces escribimos juntas en una hoja aquellas cosas que nos
perturban. Sacamos el mechero que nos trajimos de Londres y quemamos la hoja,
dejando que nuestros problemas se los lleve el viento.
Entonces le doy un beso
en la mejilla y la veo alejarse hacia su casa. Con esa alegría propia de ella.
Ahora mismo llaman a la puerta. Creo que es ella. Solo que
ahora las cosas han cambiado. Han pasado los años. Echo de menos a aquella niña
que era antes. Ahora es ella la que me consuela a mí. Ella soy yo. Y esta es mi
hoja, la que voy a quemar.


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